nunca más — Memoria, Verdad y Justicia

A quino le preguntaron una vez: «¿cómo habría sido Mafalda de grande?». El respondió: «Mafalda nunca habría llegado a ser grande. Porque habría desaparecido durante la última dictadura militar».

KathWare Dice:

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Dije que no iba a publicar más nada desde el último post, pero el contexto de un día como hoy, y con tantos retrocesos en derechos y tanta estigmatización y discriminación, es necesario. Una persona trans es agredida en el país cada 38 horas. Los crímenes de odio por derechos que ya creíamos obtenidos, el derecho a vivir, a la verdadera libertad, no pueden verse coartados por el gobierno de turno y por quienes los siguen. La verdad no puede taparse ni ocultarse. La violencia de género y el acoso y abuso a mujeres en todos los sentidos también creció exponencialmente. Y el gobierno es indefectiblemente cómplice de todo esto. No puedo ir a la plaza. Quiero, pero no debo. Mi salud mental recién recuperada y a duras penas, no me lo permite. Pero quiero aportar mi granito de arena. Porque aunque yo no esté allá, aunque yo no haya vivido los horrores de aquel infierno, mi alma y mi corazón están con ellos.
Porque no, esto no quedó en el pasado. Porque cuando hoy se estigmatiza, cuando se señala, cuando se habilita el odio desde el poder, la historia no se repite igual… pero rima. Empieza siempre igual: con palabras. Con discursos. Con la construcción de un “otro” al que se puede señalar. Después, ya sabemos cómo sigue. Como dice Charly: «La historia prosigue, pero amigo, yo ya la vi».

La identidad no desaparece

El nieto número 77 recuperado por madres y abuelas de plaza de mayo, al que sus apropiadores llamaron Mariano, contó una vez que estaba jodiendo con sus amigos y que uno de ellos le preguntó»¿Si te cambiaras el nombre, cómo te gustaría llamarte?» Él respondió: «Juan». Juan era el nombre que su mamá, Alicia de tan solo 16 años, le quería poner. Y mientras estaba prisionera en la celda de un centro de detención del estado, le repetía su nombre en todo momento. A ese bebé que estaba en su panza. Damián, de 19 años era su padre. Ambos desaparecidos durante el último golpe de estado cívico eclesiástico militar de la Argentina.
Jorge Julio López: desapareció 2 veces. La segunda, cuando iba a atestiguar contra el dictador Miguel Etchecolatz, uno de los represores de la dictadura condenado por delitos de lesa humanidad. Myriam Bregman, la rusa como le dicen, era su abogada. Nunca más se volvió a saber de él. Aún estamos esperando explicaciones, saber qué pasó. Por qué no pudo atestiguar.
Pablo, sobreviviente de la noche de los lápices, luchaba junto a sus compañeros, de entre 15 y 17 años, por algo de lo que nuestros jóvenes aún pueden gozar. El boleto estudiantil.

La memoria no es ideología

En momentos en los que quieren instaurar teorías sobre 2 demonios y pretenden contar una «historia completa», deberían ser capaces de comprender que al pueblo se le pueden vender muchos espejitos de colores. Pero lo que está guardado en la memoria, no se vende. Aquello que queda con testimonios vivos, con sangre, con bebés que a 50 años aún no conocen su identidad, es imborrable. Pretenden tapar su oscuridad con videos que no dicen nada.
Hablan de “dos demonios”. Como si hubiera sido una pelea justa. Como si el Estado no hubiera usado todo su aparato para secuestrar, torturar, violar, robar bebés y desaparecer personas. No fueron dos demonios. Fue un Estado terrorista contra su propio pueblo. Y eso no es una opinión. Es un hecho histórico.

La estúpida discusión de los números

30000 desaparecidos. Y no, no es un número para discutir en una mesa. No es una cifra para relativizar según conveniencia política. Es una construcción de memoria. Es una forma de nombrar lo que el propio Estado se encargó de ocultar. Porque cuando desaparecés personas, también desaparecés registros. Y después vienen a exigirte exactitud. Como si la falta de datos no fuera parte del crimen.
400 personas travestis y trans, de la comunidad LGBTIQ+. No recuerdo cuántas personas con discapacidad fueron desaparecidas. Y no es un descuido. Es que nunca fueron contadas como tales. Sus nombres están —o no— en listas incompletas, en archivos rotos, en memorias fragmentadas. Pero su condición, su historia completa, muchas veces quedó borrada incluso dentro del registro del horror. No es que no existan cifras. Es que el sistema nunca se preocupó por registrarlas. Y eso también es violencia.
Porque desaparecer a alguien es quitarle la posibilidad de seguir viviendo. Pero borrar lo que esa persona era, lo que vivía, lo que atravesaba, es quitarle también su identidad.
Gente tirada en fosas comunes, arrojadas en aviones al mar. Desaparecidas. A las que aún no se las puede encontrar. Más de 800 centros clandestinos de detención a lo largo y ancho del país. Artistas exiliados o desaparecidos. Canciones censuradas. La música y la literatura, el arte en general, como expresión de algo que no podía ser entendido por monstruos que sólo sabían matar, robar, secuestrar, desaparecer, mentir, herir a un pueblo. Pero no sabían entender, pensar. Las metáforas implícitas en ese arte fueron también una forma de resistencia ante horrores que podemos leer, ver en televisión, escuchar en radios o en documentales. Pero no podemos siquiera llegar a imaginar.

Yo veo al presente repetir el pasado

Una guerra que perdimos contra una potencia militar con el apoyo de Estados Unidos, a quienes hoy queremos venerar y a quienes nos queremos parecer. Pibes de 18 años enviados a morir en el frío del sur, en nuestras Malvinas Argentinas, por una guerra que sabían, perderíamos desde el principio. Donativos que nunca llegaron. Recepciones gloriosas que nuestros soldados nunca recibieron. El indulto del turco Menem, al que tanto quieren glorificar de nuevo.
Policías, militares y gendarmes que hasta hace poco tiempo, aún seguían en funciones como si sólo hubiese habido unos culpables. No sé si lo seguirán estando.
Pero también hay otra forma de complicidad. La de quienes saben, pero prefieren no meterse. La de quienes dicen “no es para tanto”. La de quienes miran para otro lado porque no les toca directamente. El problema es que la historia ya demostró algo: cuando te toca, ya es demasiado tarde.

Ni olvido ni perdón

Pueden contarte historias, tratar de venderte discursos por todos lados y desde todos los frentes. Pero la historia, la vida, y la lucha por «Memoria, verdad y Justicia», está en el corazón del pueblo. Y el corazón de un pueblo, nunca se borra.
Porque el pueblo sabe bien que no es solo memoria. No es solo verdad. No es solo justicia. Es identidad. Es presente. Es futuro. Porque un pueblo sin memoria no es libre. Es manipulable. Y si hay algo que este país ya dejó claro, es que podrá caerse mil veces… pero hay cosas que no está dispuesto a olvidar.
Por eso seguimos insistiendo: Ni olvido ni perdón. Nunca más, un 24 de marzo de 1976.

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0 comentarios en «nunca más — Memoria, Verdad y Justicia»

  1. Me hiciste emocionar. Lo positivo de este 24 de marzo es que con todo el pueblo se expresó libremente. El año pasado yo fui y fue maravilloso, este también por lo que pude observar. Desgraciadamente una parte de ese pasado se acerca de forma terrorífica a este presente que vivimos. Pero hoy otra vez entendí que el pueblo no olvida. Y es un soplo de esperanza frente a tanta angustia. Gracias por escribir. Y encontré un texto en su momento en el que se hablaba de la persecución política a personas con discapacidad en la dictadura muy interesante más muy crudo. Me dejó los pelos de punta.

    1. Muchas gracias por leer. La verdad no lo tenía pensado cuando me levanté a la mañana. Pero la idea se fue formando en mi cabeza. Sabía que no podía ir. Pero también sabía que no quería permanecer indiferente. Porque no lo soy. Nunca lo fui. Y nunca voy a serlo. Esta es esa clase de post que me salen de forma improvisada. Solo empiezo a escribir, y mi mente, mis recuerdos y sentimientos hacen el resto. Como todo lo que escribo, podés compartirlo.

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