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Si te la perdiste, antes de continuar, leé: [Administradora Cósmica](/administradora-cosmica/)
No conforme con mi intento de regalarle todas las estrellas del firmamento y considerando que los permisos de "Administradora Cósmica" dependían de una de las entidades mágicas más poderosas, interesadas y despreocupadas del universo, decidí subir la apuesta. Esta segunda promesa, que en sí no es tal porque la verdad no he dicho las palabras "te lo prometo", nace de algo más humano. Mundano. Algo más personal. Algo más suyo. Más mío. Más nuestro. —¿Si tuvieras que dedicarle una canción al universo entero, cuál sería? —le pregunté. Y no tardó ni un segundo en buscarla en YouTube y responderme. Listo. Fase 1 del plan concretada. Fase 2: No, no. No voy a lidiar con Kata de nuevo. Ni loca. Ya suficiente tuve con lo de la primera vez. Ni Dios, ni el diablo, ni siquiera la IA. Me tienen todos los huevarios por las nubes. Basta. Estoy harta de que todos sepan cómo hacer las cosas y yo tenga que ir pidiéndoles permiso porque no los tengo. ¿Ustedes se creen que los necesito para hacer todo lo que quiero? Pues no mis cielas. Acá se terminó. "No más niñita tierna", dice Matilda y tiene razón. A ver, a ver. Cálculos, cálculos. Cuánto me costaron las matemáticas. Siempre. Ecuaciones. Tengo que despejar el valor de X. Distancia, velocidad, intensidad, dirección: latitudes y longitudes. Probabilidades, estadísticas. Variables, constantes. Esto sí lo sé. Pero el universo en cierta forma es impredecible. caótico. Intenso. Como ella, como yo. No puedo sacarme tantos números de la cabeza. Tampoco puedo retenerlos. ¿Qué hago? ¿Pido ayuda? ¿A quién? No, no. "Hay tanto que no sé de astrofísica. Debí haber leído el libro del paralítico ese", dijo Homero y tenía razón. Necesito relajarme. Pensar, descansar, despejar la X… no, la X no. La mente. Eso, sí. La mente. Mi mente. Porque los números siguen ahí… pero hay algo que no estoy pudiendo calcular. ¿Será la cabeza? ¿O será el alma? ¿Necesito despejar mi alma?
Me encuentro acostada sobre la cama. La frazada está desordenada pero a mí no me importa porque para mi propósito es increíblemente útil: dormir. Sí. Dormir. Y si intentaran tenderla haría todo lo posible para que resulte un fastidio. Me muevo, me estiro, me relajo, me vuelvo a acomodar. Muevo un poco la cola y vuelvo a quedarme quieta. Alguien viene. ¿La humana? Sí. La humana. Pero no la humana standard. La versión premium. Sí, sí. Mi humana versión premium. Sin publicidades, sin quejas molestas, sin peticiones, hasta sin pisotones. La humana que sólo me da mimos. Se acerca. La miro. Me mira. Hace ese llamado especial que sólo ella sabe hacer. Y sí. Me acerco yo también. ¿Pero no porque ella me lo pida, eh? Nunca. Jamás haría algo que me pidiera un humano. Lo hago porque la recompensa de atender su llamado, son enorme cantidad de mimos en mi lomo, mi cabeza y hasta mi pancita. Sí, sí. Mi humana premium. Le maúllo. Y me habla. La humana decide hablarme: —Te voy a contar un secreto. Ella me preguntó qué canción le dedicaría yo al universo. Pero jamás se le ocurrió preguntarme qué canción le dedicaría a ella. ¿Querés saber cuál es? La miro abriendo mis ojos bien grandes mientras me paso la lengua por los bigotes y la escucho atentamente…
—Ya está. Lo tengo. Al fin voy a poder enviar la señal a todo el universo. —grito entusiasmada. Terminé las cuentas. Ahora sí. Esto tiene que andar sí o sí. Bueno, tiene un 97% de probabilidades de salir bien. ¿Y si sale mal? Oigan, la bomba atómica tenía el mismo porcentaje de éxito en su primera versión. ¿Cuál es el problema? Para mí, ninguno. En fin, este nuevo proyecto consiste en lo siguiente. Si no puedo regalarle las estrellas, voy a convertirla a ella en una estrella. Una que brille por el universo entero. ¿Cómo? Con los agujeros negros. ¿Otra vez? Claro. Porque esta vez el objetivo es diferente. Esta vez la señal va a entrar, pero por donde salga no importa. Lo importante es que esa señal va a salir. Mi idea es enviar ondas sonoras. Decirle que cante. Que cante su canción al universo. Esa canción va a pasar por un proceso de compresión y reconversión. Voy a digitalizar cada una de las ondas sonoras. Después voy a codificarlas en pulsos de luz. Luego envío esos pulsos a los agujeros negros. La luz viaja a 300000 kilómetros por segundo. Los físicos llevan décadas discutiendo si un agujero negro destruye la información o no. Yo decidí dejar de discutir y probar. Si yo decodifico esas ondas de luz para que viajen en simultáneo y con variables seteadas por defecto en un formato de tiempo específico, si mi teoría es correcta, al atravesar los agujeros negros los pulsos conservarán su información y volverán a emerger en algún punto del universo. Dónde, cuándo o cómo… son detalles menores. El punto es que encuentren receptores de ondas sonoras. Es decir, superficies capaces de vibrar. Y de esas hay muchísimas en el universo. Recién ahí se descomprimen y se reproducen en cada planeta, en cada meteorito, en cada satélite, en cada estrella, en cada asteroide, en cada ser vivo. Y todo el universo va a escuchar su hermosa voz. Su estilo inconfundible. Porque tiene una forma de transmitir sentimientos muy difícil de explicar. Es como el recuerdo de una emoción que nunca estuvo ahí. Es melancolía. Nostalgia. Es el reflejo de una tristeza alegre. De una luz oscura. De una noche brillante. Es sol y es luna. Es invierno y verano. Pero lo más importante: es hermoso. Y no puedo, no debo, ni quiero dejar al universo privado de ese talento. Está bien, está bien. Basta de cursilerías. Vamos a los hechos. Le digo a ella que empiece a cantar. Lo hace. Está grabando mientras las ondas se procesan y se codifican en esta computadora. Ya está todo listo. Voy a empezar a enviarlas. Voy a iniciar la cuenta regresiva… cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡cero!
"Las señales con nombres X, Y, han sido enviadas. Esta acción no se puede deshacer. Un mínimo error en las instrucciones podría provocar la destrucción total del universo." —¿Qué? ¿Dos señales? ¡Pero si yo solo envié una! Comienzo a teclear con fuerza y rapidez. Necesito interceptarlas antes de que lleguen a los agujeros negros. Si puedo hacer eso aún puedo detenerlas. No, no puedo. Maldición. Si esto sale mal ese tres porciento de probabilidad va a destruir el universo. Es una fusión de pulsos de luz y sonido comprimidos pasando por agujeros negros. Son como millones de bombas atómicas todas juntas. ¿Y bueno, qué esperaban? ¡Tenía que transmitir la misma señal al mismo tiempo a todos los lugares del universo! ¿De qué otra forma podía hacerlo? Me desconcentro. Estoy escuchando la primera señal, la música. Sí, la canción que me dijo. ¿Y la segunda? ¿Quién la envió?
Signal X transmitted.
Signal Y transmitted.
Unknown sender.
—¿Unknown sender? ¿Quién carajos…? Sigo tecleando. Empiezo a revisar. Empiezo a correr logs. Empiezo a buscar procesos. Hasta que… aparece.
SenderName="Kata" Role="Cosmic Administrator"
Canción al universo. Canción a Kathy.
