Kata — KATALINA

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Estoy yo acostada con mi gatita Kata sobre mi hombro. Ella es blanca y negra, con rayas grises.
Kata y yo

Con Ka. Como Kathy, como Katherine. Sí, porque soy así de rara. No sé exactamente en qué momento comencé a quererte. No sé si fue cuando decidí que ibas a venir, o cuando mi nena hizo hasta lo imposible por encontrarte, preguntándole a todo el mundo si tenían un gatito para dar en adopción, o si fue quizás cuando mi nene te trajo en colectivo y tren para que finalmente llegaras a mí. Solo sé que cuando llegaste, ya comencé a amarte. Fue a primera vista. Sí, como esos que tanto me gustan a mí. Como esos que llegan para dejarnos enseñanzas imposibles de borrar. Como aquel del año pasado. Como el amor hacia los hijos, imposible de describir con palabras. O el amor hacia los amigos. Aquellos que siempre están para darte una mano, un consejo, o tan solo para escucharte, para estar ahí cuando los necesitás. Esos amigos, esos amores, que quedan para toda la vida. Y así, llegaste vos a la mía. Así, llegué yo a la tuya. Te encontraron abandonada en la calle, y estabas enfermita. Ni bien llegaste, hice todo lo que estuvo a mi alcance para que te cures. Y ahora por suerte, ya estás muchísimo mejor. Sos cariñosa, sociable, muy comunicativa, divertida, y más o menos obediente. De a poquito vas aprendiendo las reglas de nuestra casa, pero también, a veces, te hacés un poquito la viva, y no me hacés caso.

Desde hace ya unos meses largos, se podría decir que casi un año, entré en un estado de depresión del que me fue imposible salir por mis propios medios. Soy consciente de que fue la separación de la que fue mi pareja durante un tiempo, lo que inició esa debacle, esa caída hacia los abismos más insondables de mi propia mente. Pero no fue lo único. Las cosas se tenían que suceder. Tenía que tomar desiciones importantes, que no podían esperar a que estuviese mejor. Hice lo que pude. Pero unos meses más tarde, me di cuenta que necesitaba más ayuda.

Estoy en tratamiento psicológico desde hace ya unos 9 años, si la memoria no me falla. Si bien con algunas idas y vueltas en el medio, se podría decir que en muchas formas, es casi ininterrumpido. Pero esta vez, cuando todo se me venía encima, y yo ya no estaba bien, decidí, como tantas otras veces, tomar el toro por las astas, y hacerme cargo del problema, y de todos los otros problemas, que estaban a mi alcance. Así fue, que como conté en una entrada anterior, el 23 de febrero de este año, comencé a vivir sola, por primera vez en mi vida. Pero esto, no fue todo.

Cuando empezás a sentirte fuera de la realidad, cuando empezás a creer que nada de lo que hacés tiene sentido, cuando todo te parece vano, casual… Cuando hacés cualquier cosa que puedas para pasarla bien, para entretenerte un rato, para olvidar aquellos pensamientos y sentimientos que te abruman, cuando te mirás en el espejo de tu mente y no te reconocés a vos misma, a la imagen de vos que das para afuera, es cuando tenés que pedir ayuda. Y así fue, como por primera vez en mi vida, empecé un tratamiento psiquiátrico. Así fue, como el doctor me dio licencia laboral. Así fue, como muy de a poquito empecé a ver mejoras, como empecé a recuperarme. Pero todavía faltaba camino por recorrer.

Es muy difícil, y en muchos casos un tabú, hablar de salud mental, hablar de estados de depresión, de angustia, de soledad, de tristeza. De entender que antes podías hacer muchísimas cosas que ahora no, porque tu mente no da para eso. Porque como dice charly: “pero a la vez, existe un transformador, que se consume lo mejor que tenés. Te tira atrás, te pide más y más, y llega un punto en que no querés”. Yo, llegué a ese punto. En el que no quería. En el que no podía, no sabía, no entendía. Y es que, pedir ayuda, no es para nada fácil. Darte cuenta que la necesitás, mucho menos. Iniciar un tratamiento, con todo lo desconocido que conlleva, tampoco. Sin embargo, creo que tomé la desición correcta. Creo que si no fuese por ese tratamiento con el que aún continúo, esta vez, no sé como hubiese hecho para salir adelante. Y es que, sentía que todas las herramientas que había usado en crisis de angustia y depresión anteriores, en este caso, no me estaban dando ningún resultado. Tal vez, debería haber iniciado ese tratamiento antes, no lo sé. Pero las cosas se dieron así. Tuve que llegar al punto en el que la realidad me oprimía con cosas con las que no podía cumplir. Con tareas básicas que antes me resultaban tan sencillas. Tuve que esperar a que mi entorno notara que no estaba nada bien, para realmente hacerme cargo de la situación.

Pero volviendo a vos, ya hace unos meses que los médicos me lo venían planteando como posibilidad. Varias amigas también. Y es que, todo el mundo coincidía en que pasar de 100 a 0 de un momento a otro, es decir, de pasar a vivir con mi familia y las mascotas que teníamos, a estar completamente sola, era mucho para mí. Y no se equivocaban. Jamás en mis 34 años de vida, había estado sola. Y fue difícil. Era una desición que tenía que tomar. Era algo inevitable. Pero con todo lo que traía detrás, fue mucho para mi cabecita. Y fue así, como decidí que tenías que venir. Para acompañarme, para ayudarme a salir de ese pozo, del que a veces sentía que ni con medicamentos iba a poder. Para ocuparme de alguien. Para tener una responsabilidad. ¿Y por qué no pensarlo así también? Para darte un hogar, comida, contención, pero por sobre todas las cosas, muchísimo cariño y amor.

Dicen que los gatos, eligen a sus dueños. Y yo estoy convencida, de que ambas, nos elegimos mutuamente. Otra de mis tantas rarezas, es que a veces, tengo intuiciones, o recibo señales de cosas que me van a suceder. En algunos casos son malas, en otros buenas. En muchos, me doy cuenta de las señales, cuando el acontecimiento ya pasó. Esto me sirve para ver señales similares en el futuro. Pero sin duda alguna, las veces más extrañas de todas, son aquellas en las que las señales, llegan como certezas. Como algo que, no sé por qué, pero en algún momento, va a ocurrir. Solo aparece así, en mi mente, nada más. Y tiempo después, se convierte en un hecho.

Una mañana casi a principios de mayo, supe que ibas a venir. Y que iba a ponerte de nombre, Kata. Unas semanas después, me encontré a una conocida que hace mucho tiempo que no veía. Entre las cosas que me contó de su vida, una de ellas, fue que tiene una hija, que se llama “Cata”. Sí, sí, ya sé. Los más escépticos, pueden pensar que fue una coincidencia. Pero quienes me conocen, o quienes llevan tiempo leyendo el blog, saben que no es la primera vez, que me pasan cosas similares.

A principios de junio, lo hablé con mis hijos. El lunes 5, la nena estuvo todo el día, buscando a una gatita que alguien quisiera dar en adopción. A las 4 de la tarde, te encontraron en la calle, y te trajeron con ella. El viernes 9, el nene te trajo hasta mi casa, y te llevamos al veterinario primero, por lo enferma que estabas. De a poco, y con mucha paciencia y medicamentos, te fuiste recuperando. Y junto con vos, también de a poco, fui recuperándome yo. Así fue, como decidí tomar como tu fecha de cumpleaños, el 5 de febrero. Ya que el vete, me dijo que tenés aproximadamente, unos 5 meses.

Seguimos yendo al vete todas las semanas. Por ahora te suspendí la dieta y te doy solo el balanceado, porque es lo que me dijo el doc. Este miércoles, al fin te vacunaste. El vete te mandó unos antibióticos que tengo que darte. Espero que no me hagas mucho lío para tomarlos. Sí, sí, ya sé. Estás cansada de meterte todos los días en la mochilita. Sé que eso te estresa mucho. Pero, acá está mami para jugar cada vez que quieras, así se te van un poquito los nervios. Y bueno, a mí también, claro. Yo también, sigo haciéndome estudios. Yo también, sigo yendo al médico. Yo también, sigo en tratamiento. Así que, no te asustes, que no estás solita.

Me encanta charlar con vos a cada rato. Me encanta dormir juntas todos los días, excepto cuando vienen visitas. Momentos en los que te vas a dormir con quien venga, supongo que para conocerlos mejor. Me encanta que seas tan comunicativa y expresiva. Que todo el tiempo me hagas saber lo que necesitás. Que sepas y entiendas perfectamente que cuando te digo Kata, es porque te estás portando bien, y que cuando te digo KATALINA, sepas que estás haciendo lío, aunque a veces te hagas la tonta. Me encanta que cuando paso un tiempo sin escuchar tu cascavel, y te pregunto donde estás, si no estás dormida, me contestes maullando. Me encanta que me hagas saber si querés comida, agua, y por sobre todas las cosas, jugar, que se ve que es algo que te gusta mucho hacer. Me encanta que aunque soy una mamá muy intensa, vos también lo sos como hija. Sin ir más lejos, hace unos días, nos pasamos como 40 minutos jugando con el osito y la cañita, que me hiciste entender que era algo que, querías hacer, pero mami no te daba tanta pelota, porque recién había llegado de llevar a tus hermanitos a su casa, y tenía cosas que hacer. Pero al final, jugamos. Además, últimamente se te dio por tirar el bastón al piso, y jugar con la bolita que tiene de puntera. Pero eso no es todo. También se te dio por… Ir al baño cuando yo voy, cosa que me resulta muy graciosa.

Habría muchísimas anécdotas que contar, y sé que va a seguir habiéndolas en el futuro. En un mes, te convertiste en una gran compañerita de aventuras. Todos los que te conocen te quieren al instante. Es más, quizás esta no sea la única entrada que te dedique. Quizás, puede volverse algo recurrente el contar nuestras andanzas. Por lo pronto, me devolviste las ganas de escribir. Y considerando que hace meses que no escribía ni una palabra en mi diario personal siquiera, es un enorme avance. Y es a vos, a quien tengo que agradecértelo.

Sé que precisamente vos, no vas a leer estas líneas, por la simple y compleja razón, de que como vengo diciendo, sos una gatita. Pero también sé, y esto me lo enseñó una gran personita, que a veces no hacen falta palabras para demostrar sentimientos. A veces, solo el silencio y las acciones, dicen más de lo que las palabras, puedan llegar a decir. Aún así, decidí compartir nuestra historia, nuestra llegada a la vida de la otra, para contarles que ya ninguna de las 2, va a estar sola. Y para que, a pesar de que no lo vayas a leer, decirte a vos y a todos, que te quiero muchísimo. Y que te agradezco con el alma, que me hayas elegido como tu mamá. Deseo de todo corazón que termines de mejorarte. Que ambas nos mejoremos, nos recuperemos. Y que sigamos adelante, juntas, en este largo camino que es vivir. Gracias, muchísimas gracias, mi Kata. Mi Katita linda. Mi KATALINA. Te amo.

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